
Llevo toda la semana recordando mi primer mes en Madrid. Instalarme fue fácil porque me apoyaron mucho mis familiares, pero el trabajo y la sensación de soledad eran implacables con mi ánimo. Durante esos días, realizaba a modo de terapia uno de esos hechos tan necesarios como ridículos se puedan ver fuera de mi mundillo interior. Una de esas cosas que, por insignificantes que se puedan ver ahora, me introducían en un estado de bienestar y conseguían arrancarme una sonrisa, bajo la mirada a veces atónita, hasta inquisitiva, de los viandantes y los usuarios del metro de Madrid. El año pasado descubrí un grupo de rock japonés (debéis saber que en esto sí me considero un friki, me encanta la jmusic) llamado Sambomaster (info en inglés, info en japonés). Tiene un sonido sorprendentemente fresco, alentador, lleno de vitalidad y energía. Caminar por las calles o deambular por el metro escuchando Utsukushiki nigen no hibi o Kore de jijuu ni natta no da se convirtió, más que en un placer, en una necesidad. Mis pies y mis labios se movían solos, sin generar sonido alguno, al arranque de la desgarradora voz de Takashi Yamaguchi. A cualquiera os recomiendo que escuchéis alguna de sus canciones, son energía pura.
Este post es una despedida a Sambomaster. Un hasta luego, profundamente agradecido por las sonrisas que me han conseguido arrancar cuando más solo me encontraba, por llenar mi vacío con sus ritmos y por cargarme las pilas todas las mañanas cuando iba de camino a trabajar, contrastando mi ánimo con los semblantes tristes e impotentes de mis compañeros de viaje.
¿Por qué? Desde hace muchos años decidí mantener mi juicio lo más puro posible acerca de la música que me gustaba, no perder en ningún momento el sentido ni dejarme llevar por las modas. Me gusta descubrir grupos japoneses nuevos y, cuando me percato de que comienzo a obsesionarme, abandonarlos en algún rincón del disco duro, para recuperar pequeños flashbacks a lo largo del tiempo. Deseo mantener en todo momento mi capacidar de discernir la basura de lo realmente arrebatador o simplemente interesante. Sambomaster me ha calado hondo, pero debo ser fiel a mis principios y conceder la alternativa a otros. Creo que seguiré con Super Egg Machine o The Pillows, he escuchado alguna cosa de ellos y me ha gustado. Pero cero obsesiones.
Ha sido un verdadero placer, Sambomaster, espero oiros con nostalgia en breve. Gracias y hasta luego.
¿Qué es la rareza sino una diferencia de la masa?
ResponderEliminarA veces, es necesario desmarcarse para identificarse con una mismo,o simplemente se hace y punto, no es cuestión de hacer una cosa u otra por ser diferente...sino por hacer una u otra cosa,"diferente", nos convertimos en eso..en diferentes.
Siempre necesitamos un punto de apoyo, una pequeña cosa que nos haga ilusión, y si es una canción, además nos alegra el día, jeje.
A mi,antes me gustaba escuchar una canción, cuyo estribillo decía así: "hoy puede ser un gran día...piensalo así". Es una forma de decir, que ningún día es igual al otro, y que al levantarnos cada mañana, no sabemos muy bien qué va a pasarnos. La rutina sólo está en aquellos que no saben ver las pequeñas cosas que nos pasan cada día y que hacen que cada día sea dierente, estoy segura.
Qué gran verdad!! Nos dejamos influir por las modas y las novedades, dejando escapar lo mejor de la música y que desconocemos (o al menos, a mi si me pasa de vez en cuando). Me propongo descubrir "sambomaster" para seguir tus pasos. Igual me gusta y todo!! Ya te contaré.
ResponderEliminarKiss.