viernes, 20 de octubre de 2006

Ganando pasta en Internet... una web, dos webs, tres webs

Desde que se me ocurrió poner la publicidad de adsense en Pepe, vente pa Madriz llevo estrujándome la cabeza e investigando las técnicas que se emplean para conseguir ingresos a través de Internet, bajo un soporte publicitario. La experiencia no ha sido muy fructífera, pero sí de gran aporte educativo. El objetivo principal (tener una experiencia piloto para posteriores desarrollos que serán llevados a cabo en breve) se ha cumplido y ya me he hecho una idea de cómo funciona el tema.
Si tenéis pensado hacer alguna web porque queréis incluir publicidad para ganar unos dineros, como la de adsense, hay muchos aspectos que he visto que se deben tener en cuenta, pero bajo mi escasa experiencia personal y la extensa de muchos de los que me rodean he visto tres aspectos básicos: un contenido deseable, un diseño atractivo y un posicionamiento óptimo en los buscadores (hic est, Google).
Publicar algo que la gente desea es lo primordial. Por ejemplo, de un blog personal, a no ser que pasen muchos años y la gente te linke mucho, no se hace dinero. Este es el caso de Pepe..., y lo comprobé en el instante en que dejé de poner tantos posts personales y empecé a hablar de temas nipones: las visitas al blog pasaron de 10-20 a 90-100 diarias. O fijaos en Keys de Digital+, de mi colega Londrox: un blog poco ambicioso pero directo a lo que la gente quiere. Os aseguro que esa idea da pasta, doy fe.
Un diseño atractivo y cómodo es lo que se necesita para que las visitas esporádicas se conviertan en visitantes asíduos. En Pepe... no tengo diseño, pongo las cosas como me rotan porque yo lo valgo, que no? No deja de ser un campo de pruebas: si algo funciona aquí, lo considero en otras partes. Pero un buen diseño es algo importantísimo: sencillo, con colores acordes a la temática de la web, con la información asequible sin dar mil vueltas...
Acerca del posicionamiento en Google... si buscáis por el idem encontraréis mil sites que os explican cómo conseguir esto. Yo no me pienso entretener en esto. Mi experiencia me dice que hay que poner las cosas muy claritas siempre, tener unos buenos Metas y hacer un montón de amigos que te linken. De esta forma ya he conseguido unos buenos rankings para Pepe... en búsquedas muy concretas, algo de lo que me siento bastante orgulloso, considerando las pocas ambiciones que tiene.
En el siguiente post os comentaré lo que quería comentar pero no he comentado porque me he enrollado a comentar otros comentarios. ¿Quién me descomentará?

jueves, 19 de octubre de 2006

Diga patata (I ♥ Hanshin Tigers sp)

Hallado en pya.cc

Post-viaje a Japón (VIII): esta vez me quedo el omikuji!

Muchos de nosotros decimos que no creemos en horóscopos. De hecho, personalmente tengo el absoluto convencimiento de que, a la hora del nacimiento, hay aspectos más influyentes sobre tu futura personalidad que las posiciones de los astros. El estampado de la bata que la matrona lleve puesta en ese momento, por ejemplo. No obstante, siempre los leemos por curiosidad, y cuando se vaticina un futuro prometedor, nos hace ilusión. Aunque nunca creamos, deseamos creer, o al menos que nos digan que las cosas nos irán fetén. Pero los pronósticos que me dijeron en Japón se me cumplen...
El año pasado, durante mi semanita en Osaka, realicé un acto muy nipón: acceder a un omikuji (御神籤、おみくじ), que es como un vaticinio con validez anual que se realiza cerca de los templos, así que los japoneses acostumbrar a hacerlo el día de año nuevo. El procedimiento es el siguiente: junto a unos cajones numerados hay una especie de prismas (los que he visto yo eran de base hexagonal) de madera o metal, huecos y llenos de varillas con un número. Por un agujero puede salir una varilla: como los botes de mondadientes, pero a lo grande. Previo pago de 100 yenes, se agita el bote y se saca una varilla. El número de la varilla es el del cajón que debes abrir, donde está el papel con elpronóstico para todo el año. Si te gusta mucho te lo puedes quedar, pero lo normal es atarlo en unas cuerdas que hay cerca o en las ramas de los árboles próximos.
El año pasado tuve un mal presagio en mi omikuji: iba a pasar dificultades, sobre todo económicas. Recuerdo una frase que se repitió durante el resto de mi estancia, mofa de mis amigas: "te volverás pobre en los viajes"... por desgraciada se cumplió. No me gustó nada, así que lo até en las cuerdas. De hecho, ese año sufrí grandes dificultades, por las que me ví forzado a moverme a Madrid, y seguir con mayores dificultades en todos los aspectos de mi vida.
Esta vez la cosa ha cambiado. Pedí un omikuji en Amanohashidate y se me pronosticó un futuro óptimo. Desafiando un poco la fiabilidad de los omikuji, a los pocos días pedí otro en Asakusa, y el resultado fue prácticamente el mismo. Casualidades que me van a alegrar la vida durante unos meses y dibujarme una sonrisa cada vez que los vea. De momento, el futuro pinta oros.

lunes, 16 de octubre de 2006

Frikis de la naturaleza(II): los cuervos japoneses




Hallado en Otomano

Diga patata

Hallado en pya.cc

Post-viaje a Japón(VII): leyendo en el metro

Uno de los privilegios más considerados en Japón es el respeto a la intimidad. Intimidad a todos los niveles: intentar indagar en aspectos cotidianos de la vida personal ajena no está nada bien visto. Debe ser por eso que los voyeurs allí están tan extendidos: todos sabemos que, cuanto más prohibido, más atractivo. Por ejemplo: si estamos en un banco de la calle o en el metro, ¿a quién le gusta que alguien fisgue su lectura por encima del hombro? ¿Hay un deseo real por parte del curioso de informarse, es aburrimiento o tan solo cochina curiosidad? ¿Por qué nos resulta tan molesto que alguien rompa nuestro espacio vital para parasitar nuestra lectura?¿Es un refuerzo negativo de cuando lo hacía el profesor en nuestro periodo estudiantil?
Seguramente habrá mucha gente que desee realizar lecturas muy personales (aficiones bizarras, pornografía, el cookbook del anarquista... incluso el ABC) y no se atreve a leer en público, temeroso de las posibles miradas censuradoras de nuestros compañeros de vagón. En Japón han resuelto este inconveniente: las librerías-papelerías te venden los libros envueltos en un forro de papel opaco (que, como es evidente, incluye publicidad del mismo establecimiento), evitando que, al menos, nadie sepa qué estás leyendo en primera estancia. Una mirada furtiva del vecino podría dar una idea de la lectura de la que estamos disfrutando... pero contamos con el respeto y la discreción de un nipón. Algo con lo que en mayoría no podemos disfrutar en este nuestro pais.
Al igual que en Madrid, a los tokiotas y a los osakenses les gusta leer en los vagones del metro. Pero nunca supe qué leían, a diferencia de aquí: todos con las secuelas paleocristianas, pseudomedievales de templarios y merovingios de "El Código da Vinci", o los últimos best-sellers. Allí podría un directivo de una empresa estar leyendo las pornoaventuras sodomizantes completas de Nobita con Doraemon, y nadie lo sabría. Es más: no habría ni una risita por alguien que pudiera haber visto algo.

miércoles, 11 de octubre de 2006

Post-viaje a Japón (VI): "Rhythm Tengoku", juego oficial del viaje

En la primera de las muchas (muchas muchas) visitas que hicimos a Akihabara (Akiba para los amigos y demás frikis), descubrimos multitud de tiendas dedicadas a los dos monstruos del entretenimiento digital: Sony y Nintendo. Curioseando precios de videojuegos para la DS (el mayor peligro para un fan de la gran N es la tremenda diferencia de precios y la existencia de tiendas de segunda mano, con productos en condiciones excelentes... si es que me llevaba toda la tienda!) pudimos sacar en claro dos cosas. La primera era que iba a ser muy difícil encontrar una DS Lite. En todos los lugares indicaban que todas estaban vendidas, existencias agotadas, que era conveniente reservar para las que llegaran nuevas... Una locura! Ni en el mismo corazón de Japón se podía encontrar una DS Lite! Tal es la pasión que tienen los japoneses por esta consola. No les culpo.
La segunda fue que el mejor juego que habíamos visto se estaba ejecutando en una Game Boy Micro. Se trataba de un curioso conjunto de minijuegos donde lo más importante era mantener el ritmo. Cada prueba consistía en ejecutar una tarea manteniendo un ritmo, acompañado de una melodía. No se podía llamar de otra forma que no fuera Rhythm Tengoku ("Paraíso del ritmo"). Posteriormente descubrí que había sido una petición de Tsunku (el productor de las Morning Musume, esas niñatas chillonas que ya han aparecido por aquí en más de una ocasión) y que fue desarrollado por el mismo equipo que se dedica a Wario (la versión Fesser de Mario).



El juego es sencillo en diseño, nada espectacular y hasta resulta pueril. Pero pocas veces he visto nada tan adictivo. No obstante, lo no compré (piratilla....)

lunes, 9 de octubre de 2006

Telenostalgia (XIII): "Traedlos vivos", exclusiva de Pepe, vente pa Madriz

Tras búsquedas infructuosas, me harté y decidí hacerlo yo mismo. Sabiendo que aún se conservaba en alguna cinta de video, perdida por mi casa, algo de esta maravillosa serie (ahora no parece tan maravillosa, pero los de mi generación y los de las aledañas, cuando pequeños éramos más impresionables que los criminales en potencia actuales), y gracias a la inestimable ayuda de LR^2 (muchísimas gracias, te debo ya unas cuantas...) aquí os traigo en rigurosa exclusiva, el opening de "Traedlos vivos" (Bring'Em Back Alive), serie de los 80 donde se narraban las aventuras del cazador Frank Buck, capturador de animales vivos que, paradójicamente, los respetaba a unos niveles inusuales para la época en la que se movió (principios de siglo pasado).



Ojalá la repongan en DVD...

sábado, 7 de octubre de 2006

Post-viaje a Japón(V): el paraíso de los no fumadores

Japón es el paraíso de los no fumadores, esas extrañas criaturas humanas que desean respirar aire no apestado por índices de nicotina y alquitrán superiores a lo normal de un ambiente ventilado. No es usual ver una colilla en la calle, de la misma forma que es normal ver por todas partes indicaciones (de lo más variopintas) prohibiendo explícitamente tan insano vicio. Evidentemente, no se ve a nadie fumando en plena calle, o yo no fui consciente de ello. Aparte, acostumbrado ya al aire viciado de Madrid, Tokio presentaba un aire limpio para ser una metrópolis: el tráfico no es tan intenso (la bici se usa mucho). La contaminación que allí priva es lumínica.

Imaginad un lugar donde hasta en la calle está prohibido fumar. Imaginad un lugar donde, dentro de una cafetería, los fumadores conscientes de tu desagrado al inspirar esos humos infectos, te piden permiso antes de encender cualquier cigarrillo. ¡Un lugar donde se respeta al no fumador, donde los fumadores son educados! Imaginad un lugar donde hay algunos sitios (pude ver dos) en la calle donde se permite fumar. ¡Donde se permite! Yo alucinaba.
La cultura de Japón es la cultura del respeto. Un japonés se autoprohibe cualquier acción que sepa que conlleve una alteración (por mínima que sea) en los demás. Por ejemplo: verás a todo el mundo usando el móvil, pero jamás oirás ningún sonido, ni un timbre. ¿Por qué? Porque se intenta no molestar a los demás. A veces se ve a gente caminar por la calle con mascarillas, como las de los médicos. No es porque el aire esté sucio: es gente enferma (resfriada o con gripe) que no quiere contagiar, con su respiración o tos, a los otros peatones. Flípalo.
Acostumbrados a un país como España, donde la definición de libertad es "yo hago lo que me sale de mis santos cojones, y si a alguien le molesta que se joda, viva yo y la madre que me parió", un país de anarquistas y maleducados, un país donde se hace héroe al delincuente y al que infringe las normas, donde la gente se vanagloria de ser un perfecto inculto, donde es más fuerte el que más alto chilla... la visita de un celtíbero a este país de gente educada y civilizada le hace inspirar miedo y un gran sentimiento de inferioridad. ¿Qué te puedes esperar de un país donde, si pierdes una videocámara, sabes que la encontrarás en la oficina de policía más cercana o en objetos perdidos?

Japón no es sólo "Humor Amarillo". La primera reacción de un español normal (tirando a chungo) ante un japonés o ante algún acto, hecho o idea relacionada con Japón, es reírse, burlarse, despreciarlo, decir que "esos chinorris", poner los ojos oblicuos o emitir una serie de absurdos sonidos en un intento estúpido de imitar la lengua japonesa. Patético, autohumillante, irrespetuoso e intolerante. En resumen: español.