sábado, 7 de octubre de 2006

viernes, 6 de octubre de 2006

Post-viaje a Japón(IV): Katochan!

Uno de los mayores atractivos de Japón son sus edificios antiguos, templos budistas y santuarios shintoistas. Los japoneses son personas muy respetuosas de sus creencias religiosas, aunque no lleguen jamás al fervor de algunos europeos (tanto como para imponer o subyugar la libertad de pensamiento de los demás o de los miembros de una comunidad, como ha venido haciendo el Cristianismo durante siglos). Aunque yo he considerado desde hace varios años que las religiones son un método de control y manipulación de las masas, en Oriente esta actitud es tan sutil que casi no existe. Por eso los japoneses no pueden entender la tremenda contradicción que implica el concepto de "guerras de religión", ya que ésta debe servir para liberar y no para esclavizar. Es una visión muy simplista, pero en el fondo no carece de cierto sentido. Pero no es de ésto de lo que quiero hablaros.
En cada templo y recinto sagrado, convertido en reclamo de turistas, ya sean foráneos o nativos, hay siempre una (o varias) tiendas de recuerdos: figuras, llaveros, postres típicos, vajillas, libros acerca de la historia del lugar... y colgantes de "Hello Kitty", "Doraemon" y "Katochan" (los strap para los móviles). Seguramente todos conozcáis a los dos primeros, pero seáis pocos los que conozcáis al tercero. "Katochan" es un personaje interpretado por Cha Kato (Kato Cha es el orden japonés, de ahí lo de "Katochan"), humorista miembro del antiguo grupo "The Drifters", muy popular hace ya una treintena de años. Katochan se hizo tan popular que hay toda una gama de productos inspirados en este personaje, un calvo con bigote de Charlot y gafas de Bartolo que acostumbra a acercarse los dedos índice y corazón verticalmente sobre los labios. Al igual que los strap de "Hello Kitty" y los de "Doraemon", algunos de los strap de Katochan sólo se pueden encontrar en algunas zonas concretas. Por ejemplo, si quieres un Katochan como un ciervo del templo Todaiji de Nara, sólo lo podrás encontrar en las tiendas de recuerdos de Nara. Y hay cientos de ellos! De momento yo ya tengo cuatro.
Todos quieren coleccionar colgantes de "Hello Kitty", algunos frikis lo hacen de "Doraemon"... ¿Por qué no "Katochan"? A lo mejor ya no está de moda, pero no creo que sea mucho más viejo que cualquiera de los otros dos. Es gracioso y no es infantil ni excesivamente kawaii. Ahí os muestro los katochan que ya tengo:


martes, 3 de octubre de 2006

Diga patata

Hallado en pya.cc

Post-viaje a Japón(III): las cosas malas

Estaba intentando hacer una lista de todas las cosas más sorprendentes que me han sucedido durante estas dos semanas en Japón, pero es imposible: mi memoria no da para tanto. Hay tantas y tantas impresiones de buen rollito en mi relación con este país que tendré que pararme a pensarlas y recordarlas todas, exprimiendo al máximo mi memoria. Pero sí me da para recordar lo peor, que ha sido más bien poquito. ¿Será mi actitud positiva en todo momento? ¿Será que las cosas son así de fáciles y cómodas? No lo sé, pero ahí va lo que creo que es lo peor de este viaje a Japón:
  1. Los mosquitos. Considerando que se trata de un país húmedo y cálido, con cantidad de fuentes de agua estanca (los mismos arrozales, que los hay por todas partes), los mosquitos de Japón (y en general todos los insectos) son de tamaño XXL. Allí no te pican: te bajan los pantalones y directamente te violan. Un lugar especialmente peligroso es Fushimi Inari, en Kyoto. Escarmentado del año anterior, esta vez llevé un repelente de mosquitos que funcionó a las mil maravillas. Pero en los hoteles, a pesar de las mosquiteras, nos picaron. Y el dolor y el picor que causa es muy muy molesto. Si váis a Japón entre Abril y Octubre, tan importante como el cepillo de dientes es un buen repelente contra mosquitos.
  2. La cerveza de caña. No sé si será algo generalizado, pero en el pub donde se montó el encuentro de chiptuneros donde triunfaron los de Tsuji Tecno (Pepino, Portalenz, etc... son los mejores) me pedí una caña: tres dedos de espuma. Vamos, no me jodas.
  3. El metro de Tokyo. Es un lío. Hay líneas de especial importancia (como la gris, la de Hibiya, que te lleva hasta Akihabara, parada im-pres-cin-di-ble) que no hay manera de conectar medianamente bien desde el centro. Además, hay dos compañías distintas de metro, con lo cual las líneas se separan e intentar no pagar doble usando sólo una compañía a veces es imposible. Las pasarelas son enormes e interminables (sobre todo si son intercambiadores con las líneas de tren JR), y a veces cambiar de un trasnporte a otro se hace difícil (máxime si vas cargado de maletas, como nos sucedió en Ikebukuro).
Ahora mismo, no se me ocurre otra cosa más. Si me acuerdo, lo añadiré a los comentarios de este mismo post.

lunes, 2 de octubre de 2006

Post-viaje a Japón(II): Calpis bueno, Calpis amigo

Uno de los mejores amigos que hice durante estas dos semanas dando vueltas por Tokio y por Osaka & alrededores fue, más que un refresco, una fiesta en mi boca. Ya era un viejo conocido del año pasado, pero las cantidades consumidas esta vez han sido más que significativas. Aparte de que el precio en las máquinas de refrescos (y recalientes) está tirado (150 yenes por 500 ml, poco más de 1€).
Nada más llegar a Tokio, lo primero que compré fue una botella de Calpis Water (no tiene gas, no lo confundáis con Calpis Soda, las burbujas no me molan cuando no quiero ser ruidoso) en una de las miles de millones de máquinas expendedoras que hay. Pepipo, mi acompañante en la aventura, me preguntó que qué era eso:

-"Calpis. No es exactamente ese sabor, pero te lo venden como si fuera refresco de yogur"
-"Arrrg! ¿Y eso está bueno?"
-"Pruébalo si quieres"

Aquello fue lo mejor que pudo hacer. A partir de entonces fue declarado bebida oficial del viaje: "Calpis bueno, Calpis amigo". Y eso que probamos algunas cosas deliciosas, como las diferentes variedades de te (me entanta el oolong y el mugicha, pero la puta de CocaCola comercializa una marca que es una mezcla de varios tipos de té, bajo el nombre de "Sokenbicha", delicioso...). Y no hablemos de la mezcla de Calpis con shochuu (una especie de aguardiente japonés, no es sake), que en muchos sitios te ofrecían como calpis-sawâ o calpis-chûhai. Una de las mejores combinaciones que he probado nunca.
En Madrid se vende como Calpico, y de momento sólo lo he encontrado en una tienda de productos japoneses que está cerca del Bernabeu.

OaBy confiesa que no ha recibido ningún tipo de compensación monetaria ni en especia por parte de CalpisCo al publicar este contenido. Os lo juro, tús.

domingo, 1 de octubre de 2006

Post-viaje a Japón(I): la historia del chorizo viajero

En un intento desesperado por intentar disculparme ante la primorosa escasez de posts durante mi estancia en tierras niponas, quiero comenzar esta serie de posts por el puntazo final. En el avión había decidido hablar primero del gran invento bebible que es el Calpis (desde ahora, "Calpis bueno, Calpis amigo"), pero finalmente me he decantado por esta sorprendente, verídica anécdota que me dejó anonadado: la historia del chorizo viajero.
Mi amiga Clavel es una enamorada nostálgica de los embutidos españoles, estuvo estudiando en Salamanca y sabe degustar un buen chorizo o un buen jamón. Ella sí que sabe. La malo es que los precios allí para estas delicatessen de gourmet son prohibitivos, o si no que se lo pregunten a la multitud de japoneses que, sorprendidos, se giraron ante el grito que emití hace casi un año, en un supermercado, al ver el precio de doscientos gramos de jamón normal. El caso es que, en aquella ocasión, yo le llevé una caña de chorizo como un brazo de larga. Estaba acojonado por si sería retenida en el aeropuerto, ya que no se permite ese tipo de carnes sin pasar una cuarentena. Sin embargo, no suelen ser muy estrictos siempre que el artículo esté bien aislado o envasado al vacío, como sucedió en aquella ocasión. En el aeropuerto de Kansai (Osaka) lo miraron y no dijeron nada, con lo cual pudimos disfrutar de aquel gran invento emanado del pueblo que es el chorizo.
El intento de repetir la hazaña este año fue vana. En primer lugar, en el aeropuerto de Narita (Tokio) son mucho más estrictos y severos que en el de Osaka, y no te pasan una. En segundo lugar, el equipaje llegó con varias horas de retraso (pues tuvimos un inconveniente en la ida y algunas maletas vinieron por otro vuelo, por ejemplo la mía), y tuve que declarar la existencia del chorizo. A pesar de mis explicaciones sobre el envasado del susodicho, los encargados de la cuarentena se mantuvieron firmes y me dijeron que el artículo debía pasar la cuarentena. Rellené unos formularios de rigor y me fui desanimado al hotel, ante la imposibilidad de hacer llegar dicho artículo a mi amiga, y dándolo por perdido.
Ayer, al hacer el check-in, me recordaron en el aeropuerto que tenía un artículo en cuarentena, y si deseaba recuperarlo. Yo ya ni me acordaba de aquello, y como no tenía a mano el documento de la cuarentena para demostrar que ese chorizo era mío, les dije que no importaba, que no era algo muy valioso y que hicieran lo que quisieran con él. Dando el asunto por zanjado, nos dirigimos a la puerta de embarque. Una hora más tarde, justo despues de entrar en el avión y mientras estaba subiendo el equipaje de mano al compartimento superior, una azafata se dirigió hacia mí preguntando si yo era el Sr. Fulano (sustitúyase Fulano por mi apellido, la seguridad es lo primero, anzen daiichi). Ante mi respuesta afirmativa, me ofreció un paquete. Sí, amigüitos míos, se trataba del chorizo. La azafata había ido a buscar el chorizo para llevármelo hasta el avión. La cara que se me quedó era de foto... lástima que no esté registrada.
No tengo muchos referentes en los que basar una comparación, de hecho no tengo ninguno. Pero no creo que esto me lo hagan en ningún otro sitio.

martes, 26 de septiembre de 2006

De Tokio a Osaka, como de la Tierra a la Luna

Bueno, la gente me esta agobiando un poco por el messenger desde que lo he podido abrir, pero voy a ver si puedo actualizar un poco esto.
Hace unos tres dias que llegue a Osaka (el tren bala, Shinkansen, es la leche, pero desde dentro no impresiona tanto), y me instale en casa de mi amiga Clavel. El dia anterior estuve en el encuentro de chiptuneros donde participaba mi sempai Karawapo, miembro del duo Pepino junto con Ai-chan (kakkoiii!), con un grupo de locos como el y como yo, es decir de pm, puta hay que decirlo mas. Lastima que el lugar estuviera tan oscuro y la videocamara no pudiera enfocar, sino os hubiera deleitado con fragmentos del concierto por youtube. Una noche de no olvidar, lastima que aquello se acabara tan pronto.
Al dia siguiente, coger el Shinkansen y para Osaka. Cuantos recuerdos, tan pronto llegue a la estacion de Umeda! Tan solo montar en el cercanias que me llevaba hasta casa de Clavel e ir escuchando los nombres de las estaciones por la megafonia, y al instante dibujarse una sonrisa en mi cara, de oreja a oreja: yo ya habia estado alli el anyo anterior! Casi lloro de la emocion.
Esa misma noche estuvimos cenando en un restaurante de Osaka. Que diferencia respecto de Tokio: bullicio, ruido, agitacion, risas... son adjetivos que se podrian perfectamente aplicar a cualquier bar de Espanya... con la diferencia de que aqui todo estaba limpio. Muy diferente del estricto Tokio, donde la gente aunque sumamente amable, es mucho mas apocada y seria. Los osakenses tienen bien merecido su apodo de "andaluces de Japon". Me he sentido como en mi propia casa.
Hoy hemos estado en Nara, donde esta el Buda mas grande de todo Japon (impresiona mazo, lo podeis ver aqui al lado), con la peligrosidad anyadida de que aquello esta lleno de ciervos sueltos por el recinto del templo. Nara fue la antigua capital de Japon, y se ha conservado muy bien durante siglos.
Bueno, es tarde y manyana ire a Kyoto, la (otra) antigua capital de Japon. Ya os contare mas cosas en cuanto pueda.

martes, 19 de septiembre de 2006

La, mas que mentada, amabilidad de los japoneses

Ante todo, disculpad el hecho de que escriba sin tildes donde resulta necesario; esto se debe a que no estoy usando un teclado preparado para ello, y tampoco tengo mucho tiempo para averiguarlo. Os pido mil disculpas.
Durante los tres dias que llevo de estancia en tierras niponas he podido vivir en mis propias carnes el trato amable de este fascinante pueblo, capaz de las cosas mas maravillosas y horrendas al mismo tiempo. Pero, de todas las que he podido experimentar, destaco las tres mas importantes:
1. Saliendo del barrio de Akihabara, nos haciamos un lio con nuestra ubicacion. Mientras mi amiga Pepipo y yo intentabamos infructuosamente definir nuestra posicion en el plano, un senyor que rondaba los cincuenta anyos se nos aproximo diciendo: "os aclarais?", y al momento nos indico donde estabamos y por donde iriamos mejor a donde queriamos ir.
2. Saliendo de Yodobashi Akiba (cerca de Akihabara), no veiamos la forma de llegar a la estacion de metro mas cerca. Mientras esperabamos a que un semaforo se pusiera verde, le pregunte a una chica joven, que tras vacilar un poco, note que tampoco sabia la forma de alcanzar la estacion. Pero en vez de confesar su incapacidad para ayudarnos, nos dijo "Esperad un momento" y se dirigio a otros que habia al lado para preguntarles lo mismo. Esto tambien lo he visto en Espanya, pero no es corriente.
3. Agobiados porque no encontrabamos un banco donde cambiar moneda el lunes (obvio, porque aqui los lunes estan cerrados) nos decidimos a preguntar a las empleadas de una peluqueria que estaban descansando frente a la puerta. Como ellas tampoco sabian donde encontrar un banco, le preguntaron a su jefa, la cual salio y nos indico acertadamente donde encontrar un banco donde se pudiera cambiar dinero. Cuando ya nos habiamos dirigido hacia alli y habiamos recorrido unos cien metros, se ve que repararon en su error (que era lunes y no abrian) y una de las empleadas se fue a buscarnos para decirnoslo. Esto me dejo alucinado.

Aparte, otra cosa que nos ha dejado alucinado: en los 7-eleven de aqui venden, entre las chocolatinas y los caramelos, todos los modelos de i-Pod. Os lo juro!

jueves, 14 de septiembre de 2006

Diga patata

Hallado en pya.cc

"Lost in Blue": la lucha por la supervivencia

"Un chico y una chica han naufragado en una isla. ¿Está habitada? ¿Cómo sobrevivirán? Deben buscar agua, comida, un refugio... deberán aprender a cazar, pescar, explorar la isla y mantenerse unidos, luchando juntos por la supervivencia"



Cuando el año pasado decidí hacer una viaje (por fin!) a Japón, tenía un dilema rondándome por la cabeza, pululando entre el mar de dudas que se abrían a medida que se acercaba la fecha de partida: "¿PSP o NDS?" La PSP es una máquina espectacular, una pantalla grande y unos gráficos espectaculares... pero la jugabilidad que permitía la NDS me seducía sobre cualquier otra cosa, así como su relativa facilidad para programarla. Tres hechos acabaron por decantarme hacia la NDS: el precio (me costó unos 80€, frente a los 300€ que costaba aquí la PSP, allí valía 180€), los programas de aprendizaje que incluía (diccionarios de kanjis, el entrenador mental, aventuras gráficas...) y "Lost in Blue". Vi el anuncio del juego y me sedujo por completo. Desgraciadamente, cuando llegué no fui capaz de encontrarlo (se había agotado).
Hace tres días lo vi, de pura casualidad, en la FNAC. Creo que el impulso de cogerlo del stand no llegó a mi cerebro, sino que la orden la dió el bulbo raquídeo, a juzgar por la cara que pusieron los frikis que miraban los juegos, al ver la velocidad a la que lo recogía. ¡Tenía "Lost in Blue" en mis manos! No lo podía creer. Lo compré y aún no me puedo desenganchar de él. Me encantan los juegos dinámicos, largos, en los que no te dictan por dónde tienes que ir, sino que hay muchas alternativas y tú decides el destino progresivo de los personajes. Es tremendamente adictivo saber que un acto tan sencillo, como cruzar una cala, puede llevar a la muerte por inanición a tu compañero, ya que te has quedado encerrado por la marea... y tan sólo querías un tallo de bambú para hacerte una caña de pescar y poder comer los dos ese día algo que no sean cocos y almejas de la orilla. O que si quieres seguir vivo la noche siguiente, más te vale aprender a hacer fuego con dos palos frotados.
Tomad "Los Sims", ponedlos al límite y metedlos en una isla desierta, tipo serie "Lost": se llama "Lost in Blue", es de Konami y a mí me tiene enganchado, como las anguilas que pesco en el río de la isla... mejor de noche.
Faltan 3 días para pisar suelo nipón.